La Estrella Belbérica
Paso seguidamente a describir el simbolismo que atañe a la Estrella Belbérica, el segundo elemento constitutivo de la bandera belberiana. Si como ya vimos en
el caso del Logo Belberiano lo representado era el territorio de nuestra república geofantástica, la Estrella Belbérica es el blasón del nexo vertebrador que la convierte en república soñadora, la fantasía.
La elipse azul albergada en su interior es una alegoría lacustre, en el sentido de que nuestra ensoñación preferida es como un oasis mental, una especie de
lagunilla recóndita en la que diluir el insidioso efecto de los sinsabores cotidianos. La estrella anaranjada de cinco puntas inscrita en un círculo blanco
representa la faceta activa de la imaginación, vista como germen de futuras acciones que intentarán traducir nuestros sueños a la realidad. Así pues, la
Estrella Belbérica simboliza la reafirmación de todos esos anhelos personales que nunca cuentan para los doctrinarios políticos y los planificadores macroeconómicos, y a un nivel más cercano, para gente de nuestro entorno,
sin que esos sueños dejen de ser pese a ello -o tal vez precisamente por ello- los motores de nuestras iniciativas personales más enriquecedoras. Y también
constituye la Estrella Belbérica una reivindicación de la fantasía en sí, de la exigencia de espacios -y sobre todo de tiempo- para dar rienda suelta a nuestra
imaginación, de que la avasalladora obligación de producir económicamente no impida satisfacer la necesidad de disfrutar anímicamente. Desde Belberia se
propone el uso de esta estrella como emblema común de las metas o motivaciones más íntimas y gratificantes, convertirla en el estandarte de todos y cada uno
de esos impulsos estrictamente personales que nos ayudan a sobrellevar la frecuente sordidez del día a día.
Crear símbología es fácil, pero conferirle difusión y perdurabilidad resulta ya mucho más
complicado, y a menudo se recurre para esto a un acto, trámite o rito específico que involucre de algún modo la interacción humana. Dejando a un lado las grandes solemnidades
propias de la iconografía política, religiosa, militar y otras, existen también mecanismos mucho más modestos y amables para otro tipo de elementos: tradiciones
como fuentes o pozos en donde echar una moneda, lugares en los que dejar un candado como prenda de amor, etc. El mecanismo aquí elegido es la fusión anímica
con la Estrella Belbérica, un acto individual absolutamente voluntario y mucho más cercano al puro juego que a cualquier otra cosa. Se trata sencillamente de
escribir en el campo de texto que ves más abajo una o varias palabras que sinteticen un deseo o una fantasía personal del tipo que sea: por ejemplo, el nombre de tu pareja
soñada, el de un lugar al que te gustaría viajar, el título de esa novela, canción o película que te ronda la cabeza, etc. O si lo prefieres así, escribe
simplemente "OK". El texto aparece como una serie de puntos para evitar posibles indiscreciones ajenas. Si por un eventual fallo
ortográfico u otro motivo quieres vaciar el campo de texto, pulsa el botón "Borrar". El proceso culmina al pasar el cursor sobre la Estrella Belbérica de más
abajo.
El objetivo de este gesto testimonial -que basta realizar una sola vez o a lo sumo muy de
cuando en cuando, según los cambios en el imaginario de quien la realiza- es adaptar para la Estrella Belbérica lo que siempre se
ha hecho con los símbolos apreciados y con vocación de futuro: canalizar hacia ellos un flujo emotivo de agregados sentimentales, pequeñas descargas
psíquicas o como se prefiera expresarlo. No hay ningún papanatismo esotérico en esto, sencillamente se trata de crear, en la medida de los posible,
una referencia simbólica que popularice este icono belberiano. Por supuesto sólo es un trámite real en el plano anímico; quiero decir con ello que ese
aparente formulario es justamente eso, un formulario aparente. No está conectado a una base de datos, un correo
electrónico ni a cualquier otro medio de recepción, almacenaje y/o tratamiento de datos; si tienes dudas, echa un vistazo al código fuente de esta página y
lo comprobarás. Y desde luego, ni la fusión anímica con la Estrella Belbérica ni la Estrella en sí misma son puntos de partida para aventuras grupales de
ningún tipo (sectas y demás cosas raras). El proceso descrito no debe confundirse con seudoadoraciones de ninguna
especie -ya hay bastante fanático suelto rindiendo pleitesía a toda clase de símbolos-, sino interpretarse simplemente como un gesto lúdico y espontáneo,
tanto de adhesión a los tesoros de la imaginación propia como de solidaridad con todos los soñadores anónimos del mundo, gesto que puedes llevar a cabo en el
formulario emplazado a continuación.