UN AUTÓGRAFO DEL AZAR







Desde la butaca, Charo extiende el brazo y enciende la radio. La música que emite la frecuencia modulada puede hacer más llevaderos esos ratos inertes que se descuelgan del reloj al atardecer.
Sin embargo el aparato parece estar sintonizado en una emisora distinta a la habitual, pues en lugar de las esperadas melodías surge por el altavoz la enfática cháchara de un locutor que saluda a la audiencia.
Charo tiene una pesada somnolencia; la jornada en el bar fue agotadora y el sopor de la sobremesa, indecible. Bosteza y deja que el mediocre programa fluya como el agua de un grifo abierto.
El locutor entrevista ahora a una vidente, una tal Margot. Después de someterla a un breve y banal interrogatorio, le pregunta a bocajarro:
-¿Podrías decirnos, por ejemplo, los números agraciados por la fortuna en juegos y apuestas pendientes aún de sorteo?
"Si pudiera, no estaría ahí ahora" piensa Charo.
-No puedo concretar tanto -se excusa la adivinadora-. Pero sí sé que alguien de esta ciudad va a verse favorecido por un golpe de suerte que resolverá sus preocupaciones, especialmente las de carácter económico.
-¿Es posible saber quién? -interroga en tono festivo el locutor.
Con voz misteriosa, la clarividente responde:
-La persona que se encuentre con quien, simultanéamente, verá algo amarillo.
-¿No puedes aclararnos algún detalle más? Los oyentes deben de estar muy interesados


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