limpiarme. Incluso probaron a lavarme con un detergente industrial. Pero nada, la
porquería se negaba a dejarme. "En vista de ello, fui apartado de mis camaradas y destinado a un servicio humillante. El marido de la señora se daba una
larga caminata diaria de la que volvía con las plantas de los pies irritadas; y para aliviar su picazón, empezó a rascarse conmigo. Aquella labor odiosa me
enojaba profundamente, pues me desesperaba saber que mientras mis amigos se ocupaban de de unas croquetas o unos macarrones, yo raspaba aquellos pies
malolientes. "Mi salvación vino cuando el hijo mayor de la familia se apuntó a un cursillo de submarinismo. Me llevó con él en su primera
inmersión para desprender bichos de las rocas o no sé qué. Pero apenas entró en el agua se vio cara a cara con un pez muy grande y feo, y de la impresión me
dejó caer. En tanto él subía yo bajé hasta aquí. No obstante me siento feliz, porque ahora estoy siempre en remojo; y la corriente me lleva poco a poco hacia
una esponja, que sin duda terminará de limpiarme al fin." Un viejo cañón de bronce se animó a participar en la charla. -¡Ah, qué vidas tan sosas e insignificantes las vuestras! -exclamó-. Si en mi época hubiérais estado conmigo más allá de la
superficie, entonces sí que contaríais aventuras de verdad. -Tal vez vuecencia quiera dignarse a relatarnos las suyas -ironizó el tenedor. -¡Ya lo creo! -contestó el cañón-. Yo he vivido muchos momentos emocionantes porque mi lugar de trabajo era un barco pirata.
"Sin embargo, al principio no intervine en historias muy brillantes. Pero cierta noche el capitán, un fiero lobo de mar que
no temía ni al mismo demonio, esuchó en una taberna mugrienta un rumor sobre un país fabuloso y secreto al que llamaban el Reino de Paratrás, y desde
entonces sólo se dedicó a buscar aquella tierra magnífica de la que unos decían que era una isla oculta, otros una ciudad invisible y algunos un trozo del
Paraíso. "El empeño de nuestro capitán nos llevó a sitios increíbles. Conocimos islotes poblados por caníbales, y costas amables en
las que gentes vestidas de seda rezaban en templos
de