vano ojival tenuemente iluminado del cual manaba el tintineo. No lo dudé y
me adentré en él. Recorrí un tramo relativamente largo y homogéneo en su alba frialdad. Una cosa era segura: el pasadizo conducía al exterior,
a algún exterior. Y en efecto, al final de mi trayecto salí para darme de bruces con una sorpresa mayúscula. Ante mí se extendía un arenal inmenso, de cuya
lejanía llegaba el rumor del mar. Poco más allá de la salida caía de lo alto una cascada de joyas, un derroche de oro y gemas deslumbrante en su belleza y
abundancia. Y sonriendo bajo la catarata preciosa que la envolvía estaba Elsa Pataky ataviada con una ceñida túnica blanca; Elsa Pataky, quien se colaba de
rondón en mis fantasías más queridas. Me acerqué poco a poco hacia aquella escena sublime, pero entonces llovió con fuerza y el agua empapó mi pelo. Abrí los ojos y mi pelo seguía mojándose, ya que Mi Liang terminaba de aclarármelo. Su mirada me dedicaba una sutil atención,
como si hubiera velado el sueño de un enfermo. Me secó la humedad más chorreante y luego me condujo al asiento de faena. Pronto manifestó su bisoñez. El corte con máquina le era nuevo y pidió ayuda a su jefa, quien le explicó sobre la marcha los
sencillos pormenores de la operación. Ella no perdía detalle, impasible su rostro chato en el que se esbozaba esa enigmática sonrisa tan común en las caras
orientales. Yo contemplaba en el espejo mis facciones, que todavía conservaban la huella de su arrobo, y me dije que la única explicación válida era la del
sueño. Seguramente me había quedado traspuesto durante el lavado de mi pelambrera, lo que causó un ramalazo de imaginería hipnagógica. Cuando la instructora finalizó su tarea y se retiró, me levanté para ir a pagar, pero Mi Liang detuvo mi maniobra con su
acento exótico: -Lavar cabeza de pelos sueltos. Venir, por favor. Constaté en mi frente el enjambre de pelillos cercenados. -De acuerdo -asumí-. Vamos allá. Enfoqué la vista hacia el techo mientras ella abría el grifo. "Ahora sí que no me duermo" me dije para mis adentros. Aunque
lo había pasado muy bien (pese a despertarme en lo
mejor),