ante unos fuegos artificiales.Se sucedieron varios lanzamientos con normalidad, aunque para que ésta fuese completa debía faltar el mirón; pero seguía allí. Un racimo de luminarias amarillas inundó la noche y volví la mirada arriba:

Haces de una tontería
un mal episodio.
El sólo ve tu melena dorada,
dorada como estas chispas de sodio.

Tras la disipación del mensaje incandescente me sobrevino un desagradable sofoco, acentuado por la fijeza ocular del impertérrito pasmarote. Intenté eliminar tal creciente opresión hablándole a mi acompañante, embelasada como una chavalita por los estampidos y colores.
-Oye...
-Dime...
-¿No son un poco... esperpénticos estos fuegos? -le inquirí.
-Por ahora me parecen muy buenos. ¿Por qué crees que son esperpénticos? -replicó sin dignarse a mirarme.
-¿De verdad que no les encuentras algo... diferente?
-Francamente no. ¿Tú sí?
-¡Desde luego!
La energía de mi contestación le obligó a pasar su interés de las constelaciones explosivas a mi alterada persona.
-¿Estás bien? Te veo como acalorada o así...
Respiré con fuerza.
-Tranquila, es cosa de la temperatura que hay aquí.
-Entonces concéntrate en los fuegos y se te pasará.
Guardé silencio y me uní a ella en la contemplación del ruidoso alarde flamígero en espera


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