-Yo también empiezo a cabrearme, y todo por culpa de eso. -Pues nos largamos y punto. Madre e hija se retiraron con sus ánimos caldeados, pero tres forasteras de indudable procedencia alemana vieron captada su
atención hacia allí. Las mochilas que soportaban sus espaldas no parecían, pese a lo abultado de su carga, incomodarlas demasiado. Una de ellas señaló
admirativamente aquello que tenía ante sí, y su asombrada compañera más cercana emitió un silbido peculiar, en tanto la tercera se adelantaba unos pasos y
ahogaba una interjección. La descubridora inicial agitó su desordenada melena rubia y, atónita, dio rienda suelta a su curiosidad mediante el tacto;
pero su exploración manual no hizo sino acrecentar sus dudas, según se deducía de su expresión perpleja. Más cauta, la que había silbado optó por examinar
sólo con sus ojos grises aquella sorpresa. Por su parte, la regordeta de la interjección abortada sacó un manoseado diccionario de español y buscó en él
algunas palabras que deletreó en el anuncio adjunto a aquéllo. El resultado de su traducción provocó en ella una
amplia sonrisa, que propaló a sus amigas al comunicarles el sentido de la escritura descifrada. Entonces la de la melena rubia cuchicheó algo a las otras dos,
que asintieron alegremente. La de los ojos grises extrajo del bolsillo una pequeña cámara, mientras sus dos compañeras adoptaban una divertida pose entre
ella y el motivo de su extrañeza. -Eins, zwei...drei! Cuando la melenuda rubia y la de ojos grises iban a intercambiar los papeles de modelo y fotógrafa, un gentil individuo se
ofreció por gestos para disparar la instantánea. Las tres aceptaron risueñamente, y el espontáneo retratista cumplió su solicitud. Después de unas
germanizadas "gracias", el voluntario y las viajeras se retiraron de aquel rinconcillo. Mucha más gente pasó luego por allí, un constante goteo humano que no escapó al atractivo del interrogante colocado a su
alcance. Ojos y manos convencían a los curiosos de la inutilidad de sus intentos identificatorios, y el olfato de varias narices supuestamente hipersensibles
sólo aumentó el desconcierto. De cuando en cuando alguna voz pontificaba
con